Aquí estoy todavía, aprendiendo a trabajar menos, ja, ja. Sin embargo la vida del ilustrador es dibujar, solo que hay que matizar el trabajo con momentos de distracción y distintas actividades, para que de ese modo dibujar no se vuelva aburrido.
Aunque a decir verdad debo reconocer que al dibujar va uno recargando sus baterías estimulándose con su propio dibujo. El arte es reconfortante y la técnica bien aplicada satisface al dibujante. Claro que al trabajar uno se va cansando y desgastando pero al balancear eso con la recarga de las baterías se puede mantener en un movimiento casi perpetuo sin mayores conflictos y con un bajo gasto energético. Como si fuera un motociclista en una moto a energía solar recorriendo feliz los caminos del mundo sin quemar combustible.
Vamos dibujando no más entonces pues y mantengámonos rodando en el camino.


